Anatomía de la frustración.

Autoconocimiento

Sara contesta una llamada en su celular y se le escucha decir con afectada amabilidad: —¡Hola licenciado, que gusto escucharlo!  Luego, a medida que recibe un informe  que no la favorece sobre  su reciente accidente de tránsito, en su rostro se dibuja una expresión iracunda.

Es entonces, que su estado de ánimo explota con un  tono altanero seguido de ofensivas descalificaciones a quien le llama, y corta la comunicación abruptamente.

Luego a duras penas se contiene para dirigirme la palabra.

—¡Este día todo me ha salido mal! ¡Qué digo mal…!  ¡Fatal!, me dice a manera de saludo.

Es la misma quien hace ya bastantes años, en la fiesta de uno de sus cumpleaños, lloro, se lanzó al suelo pataleando,  y finalmente,  cuando parecía  dispuesta a soplar sobre ocho velitas, se abalanzo sobe el pastel haciendo tremendo batido. La razón: se encontraba frustrada, pues  esperaba de regalo una mascota que no se había podido conseguir.

Su historia personal es claro ejemplo de como la frustración, cuando es un sentimiento mal asumido, puede traducirse en  ira o decepción, desestabilizando la personalidad  al no poder conseguir lo pretendido.

En aquella infantil fiesta no solo no la castigaron, sino que le cumplieron su capricho; y pienso que más le valdría que en vez de ello, le hubieran dado una buena azotaina. Lo digo por experiencia profesional, ya que en mi consultorio suelo atender verdaderos conflictos de personalidad   de quienes, desde la niñez,   les resolvieron sus problemas, así como educaron en la permisividad del “dejar hacer, dejar pasar” para evitarles “traumas y frustraciones”.

Y fue precisamente eso, lo que se cultivó.

Sara  creció con una falsa autoestima por la que  llego a creer  que sería eximida del dolor, de los duros trabajos, las contradicciones,  el sufrimiento moral y todo  lo que consideraba  tabúes en su vida, y que según ella, convertía a los demás en seres reprimidos.

Así pretendiendo liberarse de todo mal, consideraba que en toda situación de su interés,   primero debería ser  ella, después ella y por ultimo ella; sin embargo, no pudo liberarse de sí misma cuando inevitablemente en las contingencias de la vida no pudo escurrir el bulto.

La niña que  lloro y batió en su rabieta aquel pastel de cumpleaños, es ahora la adulta que vocifera con una personalidad que no tolera las frustraciones. Llora, pero ahora en otro lenguaje: en el mal del humor, la agresividad y la queja que  constituye prácticamente el único tema de su conversación.

De esa forma se engaña a sí misma  inutilizándose, pues para ella la frustración es algo absolutamente negativa, por lo que le atribuye  todas las calamidades que  imagina le acontecen. Aun las que provienen de pequeñas  dificultades  y desengaños que con tanta frecuencia sazonan la vida cotidiana.

Convertida en una persona tóxica al no poder controlar su  inestabilidad emocional, se ha decidido a pedir ayuda profesional.

Deberá ser capaz de reconocer en ella algunas de las causas que comúnmente están en el origen de todas  las frustraciones.

Tales  como:

  • La falta de realismo: Cuando se debe reconocer que los medios para alcanzar una meta no son los correctos, o porque la meta en si requiera ser cambiada o modificada.
  • La impaciencia: Porque impide aprender que se requiere tiempo y esfuerzo para lograr las cosas que verdaderamente valen la pena.
  • La impulsividad: Que lleva a actuar solo por emociones o sentimientos, sin reflexionar sobre el cómo lograr que las cosas buenas sucedan poniendo los medios adecuados, el esfuerzo adecuado, el tiempo necesario.
  • La falta de serenidad: Por la que fácilmente se deja arrastrar  por la ira, que lejos de ser una demostración de fuerza, es señal de debilidad.

Luego en humilde recomenzar obtener nuevos e importantes logros como:

  • Aprender a desarrollar objetivos que en vez de llevarla a la frustración, la lleven a la  tranquilidad y capacidad de no reaccionar violentamente con consecuencias que la alejen aún más de lo que desea conseguir.
  • A perseverar con humildad en medio de las dificultades por adquirí virtudes humanas y espirituales, ya que la persona es un todo.
  • Ser realista ante las dificultades que nunca van a faltar, lo mismo que ha ser optimista ante las cosas ya conseguidas, y por qué no, también ante las posibilidades que se abren al cerrarse otras.
  • Comprender que existen frustraciones que suelen ser dolorosas por provenir de los seres que amamos o esperamos amor, pero que deberá asumir  para no quedar anclada en la desestabilización emocional.

La frustración es un hecho inevitable en la vida de todas las personas y de ordinario lo normal es que salgamos fortalecidos de esas experiencias, bien porque las asumimos  y desactivamos de su carga de ansiedad;  porque las afrontamos para resolverlas, o porque cuando esto no es posible, nos adaptamos sin que nuestra conducta se desajuste demasiado.

De esa forma protegemos   las raíces más profundas de nuestra personalidad  y conservamos nuestra estabilidad.

El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad de quien nos ha cedido su historia con la motivación de ayudar a otros.

 

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